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Jesús ha dado lugar a "Fe y Luz" como una respuesta divina y humana al sufrimiento humano. El sufrimiento de unos padres que se sentían empobrecidos, desamparados, excluidos de la sociedad y de la Iglesia por el nacimiento de un hijo “diferente a los demás". E1 sufrimiento de niños, hombres y mujeres que se sentían poco amados a causa de su debilidad o de su limitación.
Nuestra sociedad tiende a excluir a toda persona que no es "productivo" o que es "diferente". La distancia crece entre ricos y pobres, entre los que detentan el poder y el tener y aquellos o aquellas que no los tienen. Un grueso muro se erige entre ellos.
En Jesús, Dios se hizo carne: Ha venido para reducir esta distancia, para derribar esos muros y para crear la unidad en el amor. Para el corazón de Dios, cada ser humano es importante, sean cuales sean sus capacidades y sus incapacidades. Cada uno es único y precioso. Todos están llamados a formar un solo cuerpo, cada cual en su sitio. Pero, para construir este cuerpo detrás de Jesús y con Jesús, hace falta cambiar nuestros corazones. Jesús ha venido a ese mundo para cambiar nuestros corazones de piedra en corazones de carne, vulnerables y amantes. La respuesta de Jesús a este abismo entre las personas es la compasión.
La compasión no es solo el hecho de dar bienes materiales a una persona necesitada o sufrir con ella, la compasión es acompañarla en su fragilidad cuando se siente sola, desamparada, excluida y que ha perdido toda confianza en sí misma. Es darle nuestro corazón, hacerse su amigo, revelarle su belleza y ayudarla así a volver a levantar cabeza. No cabe duda que la compasión empieza a menudo con un don material pero está llamada a hacerse real con un encuentro verdadero entre las personas.
Las comunidades "Fe y Luz" son comunidades de compasión donde nos hacemos amigos juntos y donde, poco a poco, nuestros corazones egoístas van siendo cambiados por Jesús en corazones de bondad.
Este año, vamos a hojear los cuatro evangelios para encontrar a personas que se hicieron amigos de Jesús. Convirtiéndose en amigos suyos, Jesús ha abierto sus corazones a los demás. Les dio su corazón para que se vuelvan hombres y mujeres de bondad y de compasión. Y el mayor deseo de Jesús es que cada uno de nosotros se haga amigo de Él para hacernos amigos de las personas que sufren y padecen. Cada uno de los amigos de Jesús que encontramos en el Evangelio tiene algo único que transmitirnos. Si ponemos nuestra mano en la suya, siempre nos acercará a Jesús.
Jean Vanier
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