|
Fe y Luz nació del deseo de ayudar a la persona con discapacidad mental y a su familia, a encontrar su sitio en el seno de la Iglesia y de la sociedad. Fue la meta primera de la peregrinación organizada en Lourdes para las fiestas de Pascua de 1971. Varias decenas de personas de tradición protestante participaban en esta iniciativa católica.
Para que esta peregrinación no quedase en nada, hacía falta, para participar en ella, constituirse en comunidades con personas con una discapacidad mental, con sus padres y con amigos especialmente jóvenes. Después de éste acontecimiento que fue un tiempo de grandes bendiciones para todos, numerosas comunidades han mantenido y profundizado los vínculos creados entre sus miembros. A lo largo de los años, se han creado otras comunidades en el mundo entero, de diferentes tradiciones cristianas.
Así, desde su nacimiento, el movimiento ha ido tomando conciencia de su vocación específica en las Iglesias y en la sociedad y de su misión ecuménica.
Nota: Cada vez que se menciona la expresión «persona con una discapacidad», se trata siempre de la persona con una discapacidad mental. En este texto hemos conservado la expresión «persona con discapacidad mental». La lengua evoluciona mucho según las épocas y las culturas. Cada país se quedará con la expresión utilizada normalmente, siempre que respete a la persona.
Fe y Luz es un movimiento comunitario. El corazón de estas comunidades son las personas, de cualquier edad, con discapacidades mentales más o menos graves; niños, adolescentes o adultos. Están rodeadas de sus familias y de amigos, particularmente jóvenes.
Fe y Luz da la posibilidad a las personas con una discapacidad mental de reconocer y ejercitar sus capacidades, de descubrir la alegría y la amistad.
Fe y Luz da a los padres un apoyo en su sufrimiento, les permite percibir mejor la belleza interior de su hijo. Muchos se vuelven, a su vez, punto de apoyo y de ayuda para otros padres hundidos por su sufrimiento y sus dificultades cotidianas.
Los hermanos y las hermanas de las personas con una discapacidad deben reconocer que la persona con una discapacidad puede ser fuente de vida y de unidad. Si ha trastornado su vida, puede igualmente transformarla, transfigurarla.
A través de la persona con una discapacidad, los amigos también comprenden que existe un universo diferente al de la competitividad, del dinero y de los placeres materiales; la persona débil y desamparada les invita a un mundo de ternura y de fidelidad, de escucha y de fe.
Las comunidades no son comunidades de vida, sino comunidades cuyos miembros se encuentran regularmente y crean entre ellos vínculos cada vez más profundos por el compartir de las propias dificultades y esperanzas, por la celebración de fiestas, por la oración y por la Eucaristía y (o) por otras celebraciones religiosas. Estas comunidades reúnen normalmente unos treinta miembros.
1. Una comunidad de encuentro
Cada encuentro lleva consigo un tiempo para reunirse, para hablar juntos, para escucharse mutuamente. Lo esencial es crear vínculos personales en los que se descubren los sufrimientos y los valores del otro, dónde se aprende a conocerlo por su nombre. Compartir en grupos pequeños permite a cada uno expresarse con palabras o con otras formas de comunicación (dibujo, plastilina, mimos, gestos...). Así, se trata de llevar el peso de los unos y de los otros, el animarse, el sostenerse mutuamente y responder a las necesidades de cada uno. Por la amistad, hecha de ternura y de fidelidad, llega a ser el uno para el otro signo del amor de Dios.
2. Una comunidad de fiesta y de celebración
De la amistad fiel surge la alegría que caracteriza a la comunidad de Fe y Luz. Dios es quién nos llama a todos juntos y nos hace descubrir la alianza que nos une; ya no estamos solos. Los encuentros se caracterizan por momentos de alegría en los que se canta, se baila, se comparte la misma comida. De vez en cuando, se tiene una jornada de fiesta abierta para invitados sorprendidos de descubrir la capacidad de estas personas, con una discapacidad mental, para crear este ambiente de alegría. Y es cierto que, cuando se trata de fiesta, la persona con una discapacidad es a menudo menos deficiente que otras, porque no se encuentra aprisionada por los convencionalismos, por los criterios de eficacia o por el miedo al que dirán. Vive simplemente el momento presente. Su humildad y su transparencia la disponen naturalmente para el gozo comunitario.
Pero en comunidad, no se puede olvidar a aquellos que permanecen al margen de la fiesta y quedan encerrados en su tristeza y en sus miedos. Estos también tienen su lugar en el corazón de Fe y Luz; han de recibir allí una atención particular, para que, progresivamente, conozcan la alegría de corazón que Jesús vino a traernos.
3. Una comunidad de oración
Jesús ha venido a anunciar una Buena Nueva a los pobres. Estos son amados por el Padre. Jesús da su vida por sus ovejas. Las alimenta con su Cuerpo. Por eso el encuentro humano y la celebración hallan su plenitud en la oración, comunión con Dios, en la Eucaristía y (u) otras celebraciones religiosas.
4. Una comunidad de amistad y de fidelidad
Se intensifica la amistad cuando se toma el tiempo de estar juntos. Entre reunión y reunión, los miembros de la comunidad procuran encontrarse en grupos pequeños o de dos o tres: se cuentan su vida, sus miedos, sus sueños, su esperanza... Rezan, se ayudan, se divierten, comparten una comida o cualquier otra actividad que alimente la amistad: es el tiempo de la «fidelidad», también llamado el cuarto tiempo.
5. Una comunidad de enraizamiento y de integración
Las personas con una discapacidad mental tienen un papel esencial en la comunidad humana, la sociedad y las Iglesias. Para poder ejercer su don y progresar, necesitan ser integradas y tener la oportunidad de participar, dar y recibir en ellas.
La preocupación de Fe y Luz es integrar a las comunidades y a sus miembros en sus Iglesias, comunidades cristianas, parroquias,... y en las actividades de la sociedad.
«Más aún, los miembros aparentemente más débiles son los más necesarios; y a los que parecen más viles, los rodeamos de más honor». (I Cor 12, 22-23).
Esta vocación de enraizamiento de cada persona y de cada comunidad nos lleva a descubrir también nuestra vocación y nuestra misión ecuménica.
Hoy las comunidades están arraigadas en diferentes tradiciones cristianas: católicas, ortodoxas, anglicanas y protestantes. La mayoría de las veces, las comunidades son de una misma Iglesia, algunas son inter-confesionales.
Los cristianos de confesiones diferentes están llamados a profundizar su fe y su amor hacia Jesús en su propia Iglesia. En los encuentros de la comunidad, buscan de qué manera rezar juntos como hermanos y hermanas unidos en Cristo Jesús.
Están llamados todos a descubrir y apreciar con alegría los valores realmente cristianos que tienen su origen en su patrimonio común.
Fe y Luz cree que la persona débil y minusválida puede convertirse en fuente de unidad en la sociedad y en cada Iglesia, lo mismo que entre las Iglesias y las naciones.
En las familias en las que existen antiguas querellas, que nunca han logrado perdonar, la reconciliación se opera con frecuencia en los momentos de prueba. Se olvidan los agravios, caen los rencores. La comunión en la cruz prepara la resurrección en el amor fraternal reencontrado. Del mismo modo puede ocurrir entre cristianos pertenecientes a diferentes confesiones y que se reúnen en torno al más pequeño, al rechazado, al que está, en ocasiones, amenazado en su vida misma.
La falta de humildad y de simplicidad de corazón sigue siendo un obstáculo grave a la comunión entre todos los cristianos. Las personas con discapacidades mentales, a causa del resplandor mismo de su pobreza, pueden introducir a los cristianos de confesiones diferentes en la beatitud de la pobreza de corazón que les permite reencontrar el Espíritu de Dios.
1. Toda persona es amada por Dios
Fe y Luz está fundada en la convicción de que toda persona que tiene una limitación es una persona en sentido pleno y tiene todos los derechos de un ser humano: derecho, sobre todo, a ser amada, reconocida y respetada en su ser y en sus opciones; derecho también a recibir la ayuda necesaria para poder progresar en todos los aspectos, tanto espirituales como humanos. Fe y Luz cree también que toda persona, válida o minusválida, es amada por Dios de la misma manera, y que Jesús vive en ella, aunque ella apenas lo puede expresar. Fe y Luz cree que toda persona, incluso la más disminuida, está llamada a vivir profundamente la vida de Jesús, a recibir todas las riquezas espirituales de su Iglesia, sacramentos, tradición litúrgica... Está llamada a ser fuente de gracia y de paz para toda la comunidad y también para las Iglesias y para toda la humanidad.
Fe y Luz cree en las palabras de San Pablo: "... mas Dios eligió lo necio del mundo para confundir a los fuertes, lo débil para confundir a los fuertes..." (I Cor 1, 27)
2. La necesidad de una comunidad
Fe y Luz está fundada en la convicción de que toda persona que tiene una limitación es una persona en sentido pleno y tiene todos los derechos de un ser humano: derecho, sobre todo, a ser amada, reconocida y respetada en su ser y en sus opciones; derecho también a recibir la ayuda necesaria para poder progresar en todos los aspectos, tanto espirituales como humanos. Fe y Luz cree también que toda persona, válida o minusválida, es amada por Dios de la misma manera, y que Jesús vive en ella, aunque ella apenas lo puede expresar. Fe y Luz cree que toda persona, incluso la más disminuida, está llamada a vivir profundamente la vida de Jesús, a recibir todas las riquezas espirituales de su Iglesia, sacramentos, tradición litúrgica... Está llamada a ser fuente de gracia y de paz para toda la comunidad y también para las Iglesias y para toda la humanidad.
Fe y Luz cree en las palabras de San Pablo: "... mas Dios eligió lo necio del mundo para confundir a los fuertes, lo débil para confundir a los fuertes..." (I Cor 1, 27)
3. En compañía hacia una mayor madurez humana
Para ayudar a la persona con una discapacidad a encontrar la paz en el corazón, la esperanza y el deseo de progresar, es necesario, en verdad, verla a la luz del Evangelio, pero también comprenderla en sus necesidades humanas, en sus sufrimientos y saber responder a ellos. Para ello, es necesario adquirir, poco a poco, una experiencia humana, además de los conocimientos necesarios. Aquellos que se comprometen en Fe y Luz deben desarrollar sus competencias para saber acompañar a las personas que sufren y en dificultad.
1. Un movimiento comunitario
Fe y Luz es un movimiento comunitario. Lo esencial reside en los lazos de confianza y amistad creados entre sus miembros, lazos que se funden en Jesús y terminan en Él.
2. Los Encuentros, las Peregrinaciones...
Las actividades de las comunidades aparte de los encuentros regulares son numerosas. Nacen según las necesidades, la creatividad de unos y de otros y la inspiración de Dios. Entre las iniciativas figuran los campamentos, los retiros espirituales, las peregrinaciones...
Por otra parte, algunas comunidades organizan tiempos de acogida y animación para personas con una discapacidad mental, con el fin de permitir a sus padres descansar.
Para aquellas cosas que no son propiamente de la competencia de Fe y Luz, como por ejemplo, la creación o la gestión de establecimientos, de hogares, de centros de enseñanza o de talleres, de casas de vacaciones, es necesario confiar las atribuciones a otras asociaciones calificadas, las cuales pueden ser inspiradas por Fe y Luz.
3. La cooperación con los otros
Aún conservando el espíritu y la misión propia de Fe y Luz, es importante que las comunidades Fe y Luz cooperen lo más posible con otras asociaciones y movimientos al servicio de las personas con una discapacidad mental y de sus familias.
4. Una gran familia en el mundo
Las comunidades de todo el mundo forman las ramas de una gran familia internacional. En los cinco continentes, en todos los países, en todas las zonas compartimos las penas, los sufrimientos y las alegrías los unos de los otros. Su solidaridad se expresa también a través de una ayuda financiera para la vida de Fe y Luz, pero también a través del compartir sus dones específicos, la sabiduría de su experiencia, la amistad y su fidelidad en la oración. Miembros de una misma familia, las comunidades tienen empeño en vivir en la unidad y en el amor.
|